Desde los años setenta el cultivo de la soja ha crecido sostenidamente en Argentina, pasando de representar 10,6% de la producción agrícola nacional en 1980/81 a más del 50% en el período 2012/13. Este crecimiento ha sido cuestionado por su impacto ambiental, tanto por su avance sobre ecosistemas naturales como por el desplazamiento de la ganadería hacia zonas marginales y la sustitución de producciones.
Son variados los factores que fomentaron estos cambios, entre ellos se destacan la adopción del paquete tecnológico, la demanda internacional y medidas gubernamentales que desalentaron otras producciones, incrementando la incertidumbre en el mercado interno. Argentina reimplementó los derechos a la exportación a partir del año 2002, estableciendo el esquema diferenciado (y actual) a partir de 2008, junto con un paquete de medidas que afectaron la comercialización
de los cereales, con el objeto de direccionar la producción hacia el mercado interno. Sin embargo, dichas medidas brindan inestabilidad e imprevisibilidad a la hora de la siembra y de la formación de precios, debido a que el anuncio de muchas de ellas se realiza fuera del plazo de acción del productor por cuestiones biológicas.

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