Río+20 resultó ser el punto culmine de una tendencia que se hizo evidente a fines de 2009 en Copenhague con motivo de la COP 15 de Cambio Climático, esto es, la falta de virtud de la que adolece desde hace unos años la comunidad internacional para alcanzar trascendentes acuerdos ambientales globales. Frente a este panorama poco alentador hay una contraevidencia positiva. Se trata del sostenido crecimiento de las organizaciones y redes de la sociedad civil que se ha dado desde la célebre Cumbre de la Tierra de 1992 que constantemente luchan por poner los temas ambientales en la agenda y contribuir a la construcción de políticas públicas ambientales largoplacistas.

También destaca la notable presencia que últimamente el tema ha tenido en los medios periodísticos y en la sociedad en general, que han vistocómo los asuntos ambientales han crecido y se han desarrollado, metiéndose en las agendas públicas y privadas y dejando de ser solo un aspecto menor que considerar.

Sin embargo, los resultados alcanzados por los diversos acuerdos internacionales medioambientales no resultan aún satisfactorios, como tampoco es promisorio un proceso que hoy se advierte como de “climatización” de las negociaciones ambientales.

La imposibilidad de alcanzar los ambiciosos objetivos y metas que se disponen en planes estratégicos parece siempre decantar en las grandes dificultades para obtener suficientes recursos financieros para ello. El cumplimiento satisfactorio de un plan estratégico requiere de la generación de una línea de base y de indicadores que permitan, a medida que pasa el tiempo, identificar si se está en “el buen camino” o si es necesario hacer ajustes en la marcha. Ello implica por los Estados Parte una fuerte inversión en términos financieros y de recursos humanos. Esto suele constituir una seria deficiencia de los países en desarrollo, quienes terminan dependiendo de las donaciones de los países desarrollados, los cuales a su vez, en tiempos de crisis financiera, reducen con prontitud y drásticamente este tipo de ayudas.

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