Representantes de organizaciones ambientales a nivel global, reunidos en el Congreso Mundial de la Naturaleza en Hawaii, expresaron su rechazo a las represas sobre el Río Santa Cruz. Mientras tanto, según lo publicado ayer en diferentes medios, el gobierno argentino habría reconfirmado su construcción. De concretarse sería una pésima noticia para la supervivencia del macá tobiano en particular, y del medio ambiente en general.

El día jueves, importantes medios anunciaron que el gobierno nacional, tras la visita del presidente Mauricio Macri a China, confirmó la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en el río Santa Cruz. Mientras tanto,  representantes de diferentes organizaciones no gubernamentales de todo el mundo votaron la moción presentada por la delegación argentina en el Congreso Mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en contra de la construcción de dichas represas.

De esta manera, y según el texto oficial, EXHORTA a la República Argentina a que suspenda toda actividad relacionada con el proyecto de las represas sobre el río Santa Cruz hasta que se lleve a cabo el debido proceso de evaluación de impacto ambiental (EIA) y evaluación ambiental estratégica (EAE) conforme a la legislación vigente, con plena y efectiva participación de todos los actores interesados y organismos competentes en el marco de un debate informado y estratégico sobre las decisiones energéticas del país, asegurando que no resulten afectados el ecosistema de la cuenca del río Santa Cruz ni las poblaciones del macá tobiano en territorio argentino”.

Esta declaración de la UICN -la organización ambiental más antigua y grande del mundo que cuenta con 1350 miembros entre los que se encuentran Estados, organismos internacionales, académicas, ONG y pueblos indígenas- se da en el marco del mismo congreso en que el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, anunció públicamente que el Estado argentino volverá a ser miembro de ese organismo internacional -del que también la Cancillería China es miembro pleno-, lo cual implica una primera contradicción en las políticas ambientales de la Argentina.

En este contexto Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Aves Argentinas, Banco de Bosques, Flora y Fauna, Fundación Naturaleza para el Futuro (FuNaFu) y Fundación Vida Silvestre Argentina vuelven a reclamar a la Administración Nacional la suspensión de la construcción de las represas del complejo hidroeléctrico Kirchner-Cepernic sobre el lecho del río Santa Cruz, ubicado en la provincia homónima y último río glaciario de la Patagonia que corre libre desde la cordillera hasta el mar, y sitio clave para el críticamente amenazado macá tobiano, un ave endémica de nuestro país, de que casi la totalidad de los individuos que quedan (tan sólo 400 parejas reproductivas) pasan el invierno en ese sitio, catalogado a nivel mundial como Área Importante para la Conservación de las Aves.

Una especie “nueva” a la que le queda poco

El macá tobiano fue descubierto para la ciencia en 1974, hace relativamente poco, sin embargo hoy en día se encuentra En Peligro Crítico de extinción, la más alta de las categorías de amenaza para las especies. Su población disminuyó más del 80% en los últimos años debido, entre otras causas, a la introducción del visón americano y la trucha arco iris, que diezmaron las colonias de cría del macá. La situación del macá tobiano -una de las pocas aves exclusivas de nuestro país y que sólo se encuentra en la provincia de Santa Cruz- es desesperante pese a los esfuerzos de las organizaciones ambientalistas que trabajan en su conservación y a la creación del Parque Nacional Patagonia que protege algunas de las lagunas donde nidifica: hoy quedan sólo 800 individuos.

Grandes represas: con un alto impacto sobre el medio ambiente y escasa vida útil

A nivel nacional, el gran impacto socio-ambiental de las represas llevó, precisamente, a la decisión legislativa de dejar fuera del régimen de energías renovables a emprendimientos de más de 50 MW2. Asimismo, dentro de la comunidad científica, existe consenso al afirmar que una de las mayores causas de disrupciones en los flujos de agua es la construcción de grandes represas, contribuyendo sustancialmente a la destrucción de pesquerías, la extinción de especies y la pérdida generalizada de servicios ecosistémicos de los cuáles depende la economía humana.

Además el proyecto que amenaza al Río Santa Cruz no está en línea con los compromisos asumidos por Argentina en el Acuerdo de París para atender la problemática del cambio climático global. En este punto es importante subrayar que el sector energético genera el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), responsables del cambio climático. Además existen otros impactos ambientales relacionados con el sector energético, como la contaminación atmosférica y del agua, la destrucción de hábitats y la degradación de tierras.

Un proyecto costoso y sin transparencia

Las represas tampoco son un buen negocio desde lo económico. Por ejemplo, conforme su diseño original, las represas tendrían una productividad o factor de planta del 34% (comparada con Yacyretá que tiene un 71%), y sólo el 43% de la energía que generarían podría ser aprovechada por la capacidad de los tendidos eléctricos actuales. Para aprovechar el 100% de la energía generada, deberían construirse nuevos tendidos eléctricos que se calculan en unos 2.000 millones de dólares, lo que hace a las represas, además de lo ambiental, inviables económicamente.

Cuando hablamos de costo y rentabilidad de las grandes represas también debemos tener en cuenta la aceleración de las variaciones climáticas que vienen agudizandose en las últimas décadas. Este año por ejemplo, las represas sobre el río Limay y Neuquén brindaron el 80% menos de energía debido a las faltas de lluvia de la alta montaña. No hay obra humana que supere las respuestas que la naturaleza que se manifiestan ante los impactos irreversibles que le provocamos.

Una propuesta eficiente

Es fundamental que se le dé impulso a una política de eficiencia energética que promueva el uso eficiente de la energía. Esto permitirá contribuir a la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, a proteger nuestros recursos no renovables, a favorecer que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, también a cuidar la economía. El potencial de ahorro estimado a 2030 se encuentra entre el 20% y 30% en relación con la demanda estimada, de continuar con las prácticas actuales.

Todos los sectores pueden disminuir su consumo de energía. Esto le permitiría al Estado ahorrar, al menos, US$ 2.500 millones hasta 2030 a partir de una reducción de la demanda futura de combustibles para generación y de una disminución en el costo de inversión en centrales eléctricas (Fundación Vida Silvestre Argentina, 2013).

La experiencia internacional indica que una de las formas más rápidas y económicas de superar una situación energética crítica es racionalizar y hacer más eficiente el consumo y también que, en general, es más barato ahorrar una unidad de energía que producirla. Si bien en la Argentina ya se están impulsando algunas medidas para promover la eficiencia energética, resultan aún parciales e insuficientes. Por todo lo expuesto, las represas representan un mal negocio desde lo ambiental técnico y económico. No tiene sentido seguir adelante con un proyecto con tan mal pronóstico.