Los medios digitales se saturan de mensajes por el día de la Tierra, mientras que desde el sector público y privado se promueven acciones saludables. Se celebra el contacto consciente con el entorno menos humanizado que, por la urbanizada cotidianidad, resulta más una tarea a cumplir que una acción intuitiva de la receta de la vida. El marketing nos invita a renaturalizarnos, en lugar de revalorar nuestra naturaleza y la responsabilidad en la forma de consumir, que para muchos es sinónimo de existir. Claro, muchas veces ello conduciría a desacelerar el crecimiento económico  de algunos sectores. Entonces el desafío consistirá en acompañar una transición justa hacia otro tipo de consumo, y por lo tanto de habitar esta “casa común”.

Es bien conocido que la aceleración de procesos productivos a gran escala (como la agricultura, la minería, la pesca) descuidó profundamente el ritmo y tempo del planeta por un mero interés económico. Más de 200 años de industrialización sostenida por una ambición de poder de empresas y Estados ha complejizado este escenario de creciente impacto ambiental. Ello la ha conducido (y nos ha conducido) a estados de vulnerabilidad y completa incertidumbre. La industria de la guerra, del plástico, de la comida rápida, son algunas de las creaciones humanas que han construido valores y estilos de consumo fortaleciendo una sociedad global más intolerante con la Tierra.

Ahora bien, desde hace más de 50 años distintos colectivos de personas y organizaciones buscan incansablemente encontrar soluciones para rescatar y volver a poner en práctica aquellos valores ancestrales, que en algún rincón genético quedan guardados y olvidados. Y no por simple coincidencia, uno de los más importantes resultados a nivel global ha sido la persistente intención de gobernar el cambio climático, la manifestación más clara del desequilibrio precipitado por nosotros.

UN AÑO DE LA FIRMA DEL ACUERDO DE PARÍS

Hace un año, la mayoría de los países del mundo se reunían en Nueva York para firmar el Acuerdo de París contra el cambio climático. Desde entonces, en tiempo récord, se consiguieron las ratificaciones necesarias para que el mismo entre en vigor y se convierta en el instrumento legal para controlar las emisiones globales y atender las necesidades de los más vulnerables. Esto permitió además que la industria de las renovables y las iniciativas climáticas se multiplicaran alrededor del mundo.

A un año de este proceso también vimos cómo el mundo está tomando un curso diferente en algunos lugares, como por ejemplo en Estados Unidos. Sin embargo esto no ha frenado el impulso de las renovables ni el interés de países en mantener la acción climática, la energía solar se posiciona como la más económica  y el compromiso de los paises sigue vigente. Sin embargo habrá que mantenerse alerta para que la acción internacional no se frene.