Una semana atrás, el presidente Mauricio Macri celebró la firma del Acuerdo Federal Minero con algunas provincias que adherían a la propuesta. En su discurso resaltó el éxito de la baja de las retenciones y el progreso de la actividad minera como gran pilar en la generación de empleo de calidad, abriendo las puertas al desarrollo con un perfecto cuidado al ambiente.

Mientras tanto, cinco días atrás, la justicia sanjuanina volvía a poner en funcionamiento la mina Veladero y daba luz verde a la multinacional Barrick Gold para volver a operar, soslayando su responsabilidad por tres derrames de contaminantes oficializados por la empresa en menos de dos años. Ese mismo día Shandong Gold Mining Co. Ltd anunció que el Departamento Provincial de Comercio de Shandong emitió un “certificado de inversión extranjera corporativa” con respecto a la adquisición del 50% de participación en la mina argentina Veladero de Barrick Gold.

Este escenario ¿propone un cambio o innovación en la política minera o solo significa una profundización al modelo que arrastra el país desde la década de los ´90? La historia, hasta ahora, es poco feliz: bajo y decreciente nivel de empleabilidad, escasa inclusión social y espacios de participación ciudadana, y crecientes amenazas e impacto ambiental sobre recursos naturales esenciales para la vida, como lo es el agua.

FARN tiene el agrado de acercarles el último informe titulado La minería en la tierra del plata ¿Política minera o mineras que (trans)forman la política? Un documento que analiza los cambios e implicancias de la política minera y discute las tensiones y contradicciones entre recursos y políticas que promueven la actividad vis-à-vis aquellos que buscan preservar los bienes naturales.

Como concluye el trabajo, “el gobierno busca subsumir lo ambiental a un aspecto de la actividad minera como si fuera una relación de género a especie. El paradigma ambiental refiere al movimiento inverso. Entiende de modo integral el funcionamiento de ecosistemas y luego, de acuerdo a sus capacidades y dinámicas, propone una discusión amplia y participativa para definir qué tipo de actividades podrían realizarse, de qué manera y a qué costo (no sólo definido en términos estrictamente económicos). La actividad minera no es más que una de esas opciones”.

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