María Julia Tramutola
Directora de Desarrollo Institucional (FARN).

1.5 Género y cambio climático: la oportunidad de una transformación real

RESUMEN EJECUTIVO

El cambio climático como desafío global pone en jaque muchas de las estructuras que sostienen un modelo de desarrollo que ha demostrado no ser sustentable ni sostenible. Las cuestiones ambientales están ligadas a las dimensiones económicas y sociales; por ese motivo en este nuevo escenario las tramas de poder subyacentes en diferentes comunidades y las inequidades sociales, como las de género, salen a la luz y se exacerban. En esta línea, el cambio climático presenta a la vez un reto y una gran oportunidad, el de hacer frente al mismo con iniciativas que consideren las cuestiones de género y ofrezcan soluciones integrales a largo plazo, que garanticen un cambio transformacional. 

El diseño de nuevas formas de desarrollo en este nuevo paradigma es una oportunidad de incidencia para los grupos que trabajan en pos de la igualdad de derechos y oportunidades para varones y mujeres. En función de permear las estructuras culturales, sociales y económicas que sostienen dicha desigualdad hacia un cambio transformacional, es necesario que las políticas, las estrategias y los mecanismos de financiamiento climático internalicen la perspectiva de género y se coordinen entre sí, mejorando su eficacia y eficiencia. En este entramado virtuoso, las decisiones de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, las políticas del financiamiento climático y las medidas de las Contribuciones Nacionales Determinadas deben ser sensibles al género en todos los niveles, asegurando procesos de monitoreo y evaluación.

Las mujeres frente al cambio climático

Las mujeres constituyen la mayoría de los 2100 millones de personas más pobres del mundo y de los cerca de 1000 millones que no tienen acceso a electricidad. Este factor social las expone de manera desproporcionada al CC, mermando su potencial de hacer frente a los impactos adversos y perpetuando las desigualdades de género ya existentes (Schalatek, 2018).

Uno de los temas de debate, y de crítica por algunos autores, es que en al área de adaptación las vulnerabilidades específicas de género en la mayoría de los casos son consideradas, pero no se ahonda en sus causas sociales, ni en las relaciones de poder latentes (Röhr, Alber, Göldner et al., 2017). El citado estudio postula a los enfoques que combinan los derechos humanos, el desarrollo humano y las necesidades básicas como una posible reparación a esta situación. La persistencia de las normas de género que marginan a las mujeres, promueve y cristaliza su vulnerabilidad frente al cambio climático (CC).  Aún así, son muchas las iniciativas, como el cambio a semillas resistentes a la sequía, el empleo de técnicas de gestión del suelo con bajo impacto ecológico, o técnicas comunitarias de reforestación y restauración que están siendo lideradas por mujeres (Schalatek, 2018).

En la revisión de políticas e iniciativas para hacer frente al CC, la cuestión de género avanza, lentamente, como uno de los ejes transversales, y ocupa un espacio cada vez más relevante en las conversaciones del clima. Por ejemplo, en referencia a los acuerdos de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNCC), el plan plurianual de acción sobre género se dispuso en la 23° Conferencia de las Partes (COP 23) de Bonn. El mismo tuvo un abordaje inicial durante la COP 24, tanto en el seguimiento como en la presentación de reportes acerca de los impactos del cambio climático segregados por género.  

De las políticas a la implementación: un camino por recorrer

Las normas internacionales responsables de garantizar la igualdad entre varones y mujeres han ido incorporando el término género, traspasando escalonadamente en las agendas políticas. Esta transversalización e institucionalización del enfoque de género en las políticas públicas, construye una agenda regional bajo esta perspectiva que marca estándares relevantes para lograr la autonomía de las mujeres latinoamericanas y caribeñas (Casas Varez, 2017). Un logro no menor, si tenemos en cuenta algunas cifras de un informe de ONU MUJERES, 2017 “El progreso de las mujeres en América Latina y El Caribe 2017. Transformar las economías para realizar los derechos”. Según los datos publicados, por ejemplo, a pesar de la reducción general de la pobreza, que entre 2002 y 2014 en América Latina disminuyó casi 16 puntos porcentuales, el índice de feminidad de la pobreza subió 11 puntos. Aunque las mujeres se han desarrollado como generadoras de ingresos, en 2014 el ingreso principal de un tercio de los hogares provenía de una mujer; todavía dedican más del triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y a cuidados no remunerados. Esta situación, que se repite en la región a pesar de las diferencias de contexto, y sitúa a las mujeres en un lugar de responsabilidad desproporcionada acotando sus oportunidades —ya sea de educación, empleo, participación política o descanso y ocio— es un obstáculo tanto para el empoderamiento económico como para el acceso a sus derechos en igualdad de condiciones con los hombres.

Si bien son muchas las políticas y propuestas de financiamiento climático, aún no integran la perspectiva de género. Las investigaciones en el área han mejorado su conexión con las estrategias, programas y la implementación de medidas de política climática. Esto último, incluso, teniendo en cuenta que tanto los casos de buenas prácticas como de identificación de obstáculos en la implementación son, a la fecha, insuficientes (Röhr et al., 2017). 

Ya en 2001, el Panel Intergubernamental de expertos/as sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC por sus siglas en inglés), reconoció un impacto diferenciado entre varones y mujeres, reforzando el concepto de que, ante distintas exposiciones debido a factores sociales, se da un efecto distinto entre ambos sexos. Sumado a esto, en su quinta evaluación, el IPCC enfatiza que las amenazas del CC pueden acentuar las desigualdades de género existentes, aumentando así la situación de vulnerabilidad de muchas mujeres (Schalatek, 2018).

En esta línea, la nueva agenda de desarrollo sostenible, que marcará las políticas de desarrollo durante los próximos 15 años, también ha posicionado la igualdad de género como elemento central y transversal en muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) (Casas Varez, 2017).  La igualdad y el empoderamiento de las mujeres es uno de los 17 ODS. El ODS #5: Igualdad de género, promueve que “en todas partes del mundo, las mujeres y las niñas deben tener los mismos derechos y las mismas oportunidades, y deben poder llevar una vida libre de violencia y discriminación.” Este es un elemento esencial de todas las dimensiones del desarrollo inclusivo y sostenible. En resumen, todos los ODS dependen de que se logre el Objetivo 51.

La necesidad de financiamiento específico

El financiamiento para el clima da una respuesta para enfrentar el CC por medio de la generación de fondos e instituciones en paralelo al financiamiento convencional (Casas Varez, 2017). Los fondos para el clima no están al margen de lo mencionado anteriormente con respecto al enfoque de género; de hecho, en el último año, se han incrementado las iniciativas de colaboración y los intercambios entre especialistas con el objetivo de desarrollar propuestas sensibles al enfoque de género (Schalatek, 2018).

Las mujeres contribuyen sensiblemente como agentes de cambio en el proceso, sin embargo, los roles de género, los estereotipos y las desigualdades las posicionan en un lugar de mayor vulnerabilidad frente al CC. Su capacidad de hacer aportes a la creación de soluciones es inviable sin el adecuado acceso a los recursos económicos necesarios para liderar e implementar iniciativas en esa línea. Integrar la perspectiva de género en el diseño y la ejecución de proyectos impacta en su potencial para mejorar los resultados. Esta cualidad se ve avalada por la creciente cantidad de investigaciones al respecto. Desarrollar propuestas sin considerar a las mujeres, puede tanto menguar el alcance de los resultados del financiamiento para el clima como aumentar la brecha existente (Schalatek, 2018).

El acceso al crédito es una de las dificultades para las mujeres, esto sesga su posibilidades de conseguir recursos tanto para solventar las pérdidas relacionadas con el clima como para capacitarse y utilizar tecnologías de adaptación. Esto se debe a un amplio rango de factores ya mencionados: desde barreras culturales y sociales hasta restricciones legales sobre el acceso al capital, los mercados y la propiedad de la tierra (Global Gender and Climate Alliance [GGCA] & United Nations Development Programme [UNDP], 2017).

Los recursos económicos son clave para la implementación de soluciones y las mujeres requieren tener acceso a los mismos a fin de implicarse en los procesos. Por eso, aún en medida menos significativa a escala global, las iniciativas que comprehenden la necesidad de involucrar a las mujeres en procesos climáticos pueden hacer una diferencia. De acuerdo a un informe de 2014 de Global Greengrants Fund, sólo el 0.2 % de todos los fondos de fundaciones se enfocan explícitamente en las mujeres y el ambiente2.

Por ejemplo, “Gender Just Climate Solutions Award” es un premio del Grupo de Mujeres y género (Women & Gender Constituency) que celebran soluciones justas de género, con el objetivo de apoyar y ampliar iniciativas innovadoras que promueven la equidad y la sostenibilidad. Las ganadoras de estos premios no sólo desafían el statu quo, sino que también generan un cambio transformacional. Dorothee Lisenga fue la ganadora del Gender Climate Awards 2018. Su trabajo organizando diálogos sobre los derechos de herencia de las mujeres entre los jefes de los grupos, mujeres locales e indígenas en Congo ha llevado a grandes éxitos en el acceso de las mujeres a los derechos a la tierra y los bosques en la República Democrática de Congo. De acuerdo a un estudio de 2016, hasta hace poco, el 70% de las mujeres en aquel país no tenían acceso a títulos de tierras y bosques3.

Tal como se indicó anteriormente, es necesario que el financiamiento alcance a las mujeres, y que los instrumentos disponibles sean adecuados para ellas. Un ejemplo de ello es el Fondo Verde para el Clima (FVC) que, a fin de adoptar un “enfoque sensible al género” en su carta constitutiva, fue el primer fondo climático multilateral con una política de género y un plan de acción de género. La política de género exige la presentación de un análisis de género y social, y un plan de acción de género específico para cada propuesta de financiamiento. Sin la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, el ansiado impacto es difícil de alcanzar4. De acuerdo a lo publicado en el sitio oficial del FVC5 al 1 de febrero de 2019 el fondo cuenta con un total USD 4605 millones comprometidos para 93 proyectos. 

Retos pendientes

Si bien una política de género no es suficiente, ya que la igualdad de género debe ser parte de la estructura de gobierno del FVC y sus mecanismos de participación, garantizando que las organizaciones especializadas en cuestiones de género puedan aportar su visión, esta cumple un rol relevante en el flujo de financiamiento climático hacia las mujeres (Schalatek, 2018).

En este sentido, el requisito de la política del FVC de realizar un plan de acción de género como condición al presentar una propuesta, produce documentos que analizan y relevan información, que en sí mismos son un aporte a un área en la que los datos son escasos. A su vez, en el proceso de acreditación, las entidades que se postulan deben contar con una política de género propia. Sin embargo, los desafíos se incrementan al acercarse a la implementación.  Por ejemplo, en las propuestas muchos de los planes de acción de género se incorporan sin ser parte integral del diseño desde el comienzo. Se nota también la falta de especialistas en el tema y de datos de campo relevantes, esto último no sólo se refiere a datos desagregados por sexo sino a indicadores pertinentes. 

Grupo de Observadores de Sociedad Civil en la 21va. reunión de directorio del Fondo Verde
para el Clima, en octubre de 2018 en Bahrein.

Conclusiones

Las acciones de mitigación y adaptación necesarias para responder adecuadamente al CC requieren financiamiento de la comunidad internacional que ya se está movilizando. También requiere la alineación de políticas y medidas que conduzcan eficaz y eficientemente el flujo hacia soluciones a largo plazo.

A nivel global, en la arquitectura de financiamiento climático hay más de 50 fondos públicos internacionales, 45 mercados de carbono y 6000 fondos de capital privado. En la COP 15, como parte del Acuerdo de Copenhague, los países desarrollados prometieron USD 30 mil millones en financiamiento de “inicio rápido” de 2010 a 2012, con el compromiso de aumentar el financiamiento a USD 100 mil millones al año para 2020. Sobre esto se debe tener en cuenta que las contribuciones son voluntarias y plantean desafíos de compromiso (GGCA & UNDP, 2017). 

La movilización de estos recursos implica repensar políticas, crear nuevas soluciones, sacudir los parámetros establecidos y generar iniciativas que resuelvan de una forma integral ambas cuestiones: ambientales y de inequidad social. El enfoque de género debe ser parte intrínseca de este proceso en todos los niveles, las mujeres pueden ser parte y hacer su aporte en la medida que la estructura establecida sea permeable y se generen los mecanismos de incidencia pertinentes sinérgicamente con los avances en temas de género en otras dimensiones. El momento es ahora. 

Bibliografía:

Casas Varez, M. (2017) La transversalización del enfoque de género en las políticas públicas frente al cambio climático en América Latina, Unión Europea: CEPAL.

Global Gender and Climate Alliance (GGCA) and UNDP (2017), Gender and Climate Finance. Disponible en: http://genderandenvironment.org/resource/gender-and-climate-finance/  Consultado en febrero de 2019.

Organización de las Naciones Unidas (ONU) (2017) El progreso de las mujeres en América Latina y El Caribe 2017, Transformar las economías para realizar los derechos.

Schalatek, L. (2018) Género y financiamiento para el clima. Climate Funds Update. CFF10. Heinrich Boll Foundation, North America. Disponible en: https://climatefundsupdate.org/publications/gender-and-climate-finance, consultado en febrero de 2019.

Schalatek, L., Watson, C. (2018) El Fondo Verde para el Clima. Climate Funds Update. CFF11. Heinrich Boll Foundation, North America. Disponible en: https://climatefundsupdate.org/publications/the-green-climate-fund/, consultado en febrero de 2019.

Röhr, U., Alber, G., Göldner, L. (2017) The contribution of gender justice to successful climate politics: impact assessment, interdependencies with other social categories, methodological issues and options for shaping climate policy.  Research consortium: Wuppertal Institute for Climate, Environment, Energy; Institute for Social-Ecological Research, Berlin. Disponible en: https://gendercc.net/fileadmin/inhalte/dokumente/4_Our_Work/Ufoplan_I/FKZ3716411190_Gender-Klima_Summary_AP1_en_30-10-2017.pdf Consultado en febrero de 2019. 

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