María Marta Di Paola
Directora de Investigación (FARN)

3.1 La (des) ilusión de los fósiles

RESUMEN EJECUTIVO

El fomento de la explotación de Vaca Muerta, las plataformas offshore y la exploración de los combustibles convencionales es una de las actividades presentadas como un medio, no sólo para frenar la salida de dólares que implicó la importación de energía sino también para favorecer la llegada de moneda extranjera de la mano de las exportaciones. El 74% de la deuda externa se encuentra en moneda extranjera y las exportaciones son percibidas como una herramienta para obtenerla, con estimaciones que indican que el 20% de las exportaciones deberían destinarse en los próximos tres años para su repago.  Sin embargo, el fomento de las exportaciones de combustibles fósiles requiere infraestructura y el incremento de la explotación para responder a la demanda internacional, inversiones en moneda extranjera también y esfuerzos fiscales desde las propias arcas del Estado.

Introducción

Vaca Muerta, el yacimiento de hidrocarburos no convencionales compartido por las provincias de Neuquén, Río Negro, Mendoza y La Pampa, es presentado como una solución a los problemas económicos de Argentina. Según la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional [AAIyCI] (2019), sólo el 4% del área de Vaca Muerta se encuentra en fase de desarrollo masivo.

Sin embargo, pareciera que no sólo Vaca Muerta sería un atractivo en lo que respecta a las inversiones, ya que la AAIyCI también presenta 500.000 km² de plataforma offshore aún no explorada.

Por tanto, el fomento de la explotación de Vaca Muerta, las plataformas offshore y la exploración de los convencionales son algunas de las actividades presentadas como un medio, no sólo para frenar la salida de dólares que implicó en su momento la compra de combustibles en el exterior1 sino también para favorecer la llegada de moneda extranjera dado el supuesto incremento de las exportaciones.

Según el Plan Energético Nacional (presentado por el Gobierno anterior), tan sólo Vaca Muerta tendría un potencial concreto de sobrepasar las exportaciones agrícolas con un total de USD 34 mil millones al año 2027 (Secretaría de Gobierno de Energía [SGE], 2018). Para ello sería necesario en los próximos cinco años duplicar la extracción, alcanzando 260 millones de metros cúbicos por día (MMm3/día), para exportar 100 MMm3/día en el caso del gas, y 1 millón de barriles/día, y exportando 500 mil barriles/día en el caso del petróleo (SGE, 2018). Ello indicaría que el 50% de la extracción de crudo y el 38% del gas se destinarían al mercado internacional.

¿Cuál es la urgencia por exportar? La esperanza en las exportaciones es generar una capacidad de repago de la deuda externa que, al tercer trimestre de 2019, representaba el 91,6% del producto bruto interno (PBI) (Ministerio de Economía [ME], 2020).  Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (2020), para 2018 esta ratio era de 77% en Brasil, 50% en Uruguay y 34,5% en México, siendo Argentina el de mayor valor en la región.

El 74% de la deuda externa se encuentra en moneda extranjera (ME, 2020), lo que dificulta su repago para una economía pesificada y en proceso devaluatorio, por tanto,  incrementar las exportaciones del país es una de las formas de atraer los dólares tan necesitados. Estimaciones indican que la economía argentina necesitaría una inyección de USD 11.000 y USD 46.000 millones, para abonar entre 2022 y 2023 deuda por un total de USD 43.777 millones, el equivalente al 20% de las exportaciones nacionales de cada año (Zeolla, 2019).

Crédito: María Marta Di Paola.

 

Los principales sectores acreedores de la deuda externa han de ser el privado y organismos prestamistas multilaterales y bilaterales (bancos) con un 62,6% del total (ME, 2020), entre los que se encuentra el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En particular, en Argentina “descansa” el 61% de los créditos internacionales otorgados por el FMI (Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz [CESO], 2019), el cual avanzó con los préstamos hacía el país a pesar de ciertas irregularidades como la falta de un estudio del impacto del crédito y la capacidad de repago de la economía nacional que debía realizar el Banco Central de la República Argentina. Asimismo, ante la sequía de 2018 que afectó al agro (y, por tanto, a las exportaciones nacionales), el FMI mostró un particular interés por Vaca Muerta y destacó su rol  y el de las futuras exportaciones del sector energético en una posible mejora de la balanza comercial (FMI, 2018, p. 9).

Por tanto, para evitar una nueva crisis de la deuda, Argentina necesita un crecimiento económico sostenido, sin embargo, esto deriva en diversos desafíos a tener en cuenta cuando se piensa en exportaciones y fósiles como una posible solución en el contexto nacional.

El primero es la inflación: elevados niveles debilitan la capacidad exportadora. Por tanto, una inflación del 53,8% para el año 2019 afecta la competitividad del tipo de cambio ya que no se generan incentivos para la inversión por la dificultad en la previsión de los costos de extracción, y la incapacidad de estimaciones a largo plazo (Elizondo, 2013).

En segundo lugar, un mayor crecimiento requerirá una mayor cantidad de importaciones y, en consecuencia, la demanda de dólares tenderá a crecer aún más: se estima que por cada incremento del 1% del PBI las importaciones tenderían a crecer un 3,34% (D’Agostino, 2019).

El tercer desafío es que el crecimiento de cualquier economía suele ser acompañado por un incremento en la demanda de la energía, lo cual podría afectar los compromisos de exportación asumidos.

Los fósiles, ¿parte de la solución?

  • La necesidad de dólares

En 2019, el 6% de las exportaciones nacionales provinieron del sector combustibles y energía, por un valor de USD 4.374 millones (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [INDEC], 2019), aún alejadas del 64% que representa aún el sector agropecuario y los USD 15.000 millones proyectados para el año 2023 según el Plan Energético. De mantenerse las condiciones comerciales y de extracción, y los precios de 2019, sería necesaria una tasa de incremento interanual de las exportaciones de energía del 35% para alcanzar el objetivo propuesto. La tasa entre 2018 y 2019 fue del 4,1%.

Gráfico 1: Exportaciones de Argentina para 2019 (estimaciones según el valor de las exportaciones)

Fuente: elaboración propia en base a INDEC, 2019.

 

Alcanzar un escenario que permita la exportación masiva de gas principalmente, está aún muy lejos. Actualmente, el 90% del gas se coloca en el mercado interno y el 8% de la canasta de importaciones corresponde a combustibles y energía, siendo estas las posiciones arancelarias que más se incrementaron durante 2019 (INDEC, 2020).

Para lograr el despegue de las exportaciones es necesaria una canasta de inversiones, en todos los eslabones de la cadena de valor de los hidrocarburos, desde exploración y explotación de pozos, gasoductos, oleoductos, sistema ferroviario, plantas de gasificación, puertos y centros de acopio, la mayor parte de las cuales están dolarizadas y que, al momento, se destinan a un mercado pesificado.

Según los datos del Instituto Argentino del Petróleo y Gas (IAPG), desde diciembre de 2015 hasta mediados de 2019, Argentina recibió más de 130 proyectos de inversión en petróleo y gas por USD 63.000 millones, sin embargo, sólo menos de la mitad de los proyectos (48%) que representa aproximadamente un 36% del monto total, se encuentran en proceso de ejecución o ya fueron concretados (Fernández, 2019). Lo cual evidencia las dificultades que el sector enfrenta dada la coyuntura económica del país.

Son diversos los datos que se publican respecto a la necesidad de inversión para el desarrollo de los hidrocarburos a nivel nacional y, en particular, para Vaca Muerta. Según la AAIyCI (2019), son necesarias inversiones por USD 150.000 millones al año 2030. Las cifras indican que serían necesarios entre USD 15.000 y 20.000 millones anuales para alcanzar el nivel considerado óptimo de explotación (Szafranko, 2019).

Sin embargo, hasta el momento los montos distan de esta realidad: el promedio anual fue de USD 3.180 millones en Vaca Muerta (USD 19.085 millones entre 2013 y 2018) con montos proyectados en torno a los USD 5.000 para los próximos años (Szafranko, 2019). Aquí, la duda que se plantea es cómo se resuelve una crisis que necesita dólares con una “solución” que necesita aún más dólares.

  • La sensibilidad ante la coyuntura

La extracción de los fósiles es altamente dependiente de la coyuntura económica nacional y también internacional, dados los precios internacionales, principalmente para el petróleo. Por ejemplo, entre 2014 y 2016 el nivel de inversiones y de extracción se redujo en nuestro país dada la caída del valor del barril de crudo.

Otro ejemplo aconteció en 2019, cuando el Gobierno anterior decidió congelar el tipo de cambio y el precio de las naftas, gasoil y el petróleo3 por 90 días, resultando en un precio del barril de crudo en el país en torno a los 43 USD/barril (USD 15 menos que el valor internacional) (Aringoli, 2019). En respuesta, la extracción se redujo en un 50%, disminuyó la cantidad de fracturas (gráfico 2), se despidieron más de 600 trabajadores y se suspendieron 1.200, a pesar de que el punto muerto (o break even) varía entre 35 y 40 USD/barril (Aringoli, 2019).

Gráfico 2: Cantidad de fracturas por empresa

Fuente: Secretaría de Gobierno de Energía, 2019.

 

La extracción de gas también se resintió cuando la Secretaría de Gobierno de Energía anunció una modificación en los subsidios establecidos en la Resolución 46/174. Esta decisión derivó en que varias empresas expresen su preocupación:

  • Tecpetrol anunció que dejaría de percibir USD 202 millones, a raíz de lo cual se apegaría a mantener la extracción solo en los niveles proyectados. La firma además inició acciones judiciales contra el Estado y se retiró de la compra anticipada de carga anunciada para el financiamiento de la inversión del Tren Norpatagónico, situación que resultó en un nuevo fracaso para financiar ese proyecto.
  • YPF estableció que ello tendría impacto negativo en el resultado neto del ejercicio por USD 60 millones.

Entre 2016 y 2018, las empresas que actualmente se encuentran extrayendo petróleo y gas en Vaca Muerta han recibido en total USD 3.668 millones en concepto de subsidios. Al comparar los montos recibidos con las inversiones piloto planeadas, los subsidios, en algunos casos, cubren más del 50% de las inversiones. Por ejemplo, Pan American cubrió el 86% de las inversiones con subsidios, seguida por Wintershall con el 83%, YPF S.A. con el 65% y, finalmente, Tecpetrol con el 51%.

Por tanto, pareciera ser que, sin los incentivos otorgados por el Estado, que representan al menos un 0,4% del presupuesto nacional, la extracción estaría lejos de ser viable y competitiva a escala mundial.

El camino a (no) seguir

Para cumplir con los objetivos pautados de posicionar a Argentina como un centro de abastecimiento energético a nivel mundial hay que lograr atraer inversiones en un contexto donde el costo de capital es tan elevado que vuelve al negocio poco atractivo para los actores internacionales, dado el riesgo de invertir en el país (Fernández, 2019). Para ello se demandan políticas de largo plazo que fomenten las inversiones y políticas que otorguen estabilidad frente a la coyuntura.

Es entonces cuando el centro de la cuestión es la decisión política de generar los incentivos económicos para dar impulso a las inversiones en determinados sectores, desconociendo las externalidades sociales, ambientales e incluso para la economía nacional.

Como respuesta, el nuevo Gobierno a un mes de asumir planea una nueva ley de hidrocarburos que se trataría en las sesiones extraordinarias del Congreso durante febrero de 2020, incluyendo no sólo Vaca Muerta, sino también el convencional, offshore y la recuperación secundaria y terciaria con un blindaje en el marco regulatorio y de inversión y flexibilizando el cepo cambiario. El objeto de esta nueva legislación sería fomentar las inversiones en los combustibles fósiles para el desarrollo de una cadena que permita incrementar las exportaciones.

Palabras finales

La pregunta que surge después de este rápido análisis es, ¿quién se beneficia con este fomento a la extracción de combustibles fósiles? Es importante recordar la postura a nivel internacional y los compromisos asumidos a nivel internacional, no sólo en la cuestión climática sino también vinculados a cuestiones de defensoras y defensores ambientales, como el respeto a la consulta previa de las comunidades originarias.

Los compromisos en materia climática, tanto a nivel nacional como internacional, indican el riesgo de que las futuras inversiones en infraestructura vinculadas a los fósiles se conviertan en activos varados (o stranded assets), activos son aquellos que no se amortizan ni obtienen un rendimiento económico como resultado de los cambios asociados a la transición a una economía con bajas emisiones de carbono.

Son ampliamente divulgados y conocidos los impactos ambientales (además de los climáticos) de la explotación de los combustibles fósiles como la contaminación del aire por la liberación de compuestos orgánicos volátiles, agua y suelo (principalmente de la mano de los derrames), mal manejo de residuos de alta toxicidad, el excesivo consumo de agua de la técnica de fractura hidráulica así como también el incremento de la frecuencia de terremotos, la falta de información acerca del cóctel de químicos utilizados por la técnica y así podríamos continuar.

Basar el crecimiento económico en la extracción de fósiles, profundizaría la dependencia de las materias primas, lo que obliga a mantener una competitividad internacional con una alta dependencia de precios fijados en los mercados externos.

El fomento de los fósiles desencadenaría una inundación de petróleo y gas barato durante varias décadas, amenazando la transición de energía limpia para hacer frente a la crisis climática y, al mismo tiempo, poniendo en peligro la salud de las comunidades circundantes.

¿Cuáles serían los resultados de las empresas interesadas en explotar Vaca Muerta o los convencionales si no contaran con el apoyo y medidas gubernamentales? ¿Qué sucedería si los precios de la energía internalizaran los costos sociales y ambientales, reflejando de esta manera el sistema de precios adecuadamente las externalidades de su extracción? ¿Cómo llegarán los dólares tan necesarios para la extracción de los fósiles? ¿Por qué la energía está puesta en los fósiles dejando de lado las renovables como puntapié inicial y fundamental hacia una transición energética?

Es aquí donde se evidencia que la transición energética justa e inclusiva es una decisión política.

1 Gas de Bolivia (que se mantendría hasta el año 2026), y el gas natural licuado (GNL) a través de barcos provenientes de Qatar o Trinidad y Tobago.

2 Esta opción se plantea como medio de exportación no sólo por puertos nacionales sino también transoceánica, pero requiere inversiones complementarias como la planta de licuefacción e infraestructura adicional de carga y transporte. Estas inversiones implican financiamiento intensivo de los proyectos y obligan a maximizar la eficiencia y la competitividad en la operación (Fernández, 2019).

3 A través del Decreto de Necesidad y Urgencia 566/19 se estableció un tipo de cambio de referencia de 45,19 $/USD y un precio de referencia BRENT de 59 USD /barril.

4 La resolución 46/17 del (entonces) Ministerio de Energía establece un precio para el gas extraído de yacimientos no convencionales: 7,5 USD/millones de unidades térmicas británicas [MMBTU] para 2018, 7 USD/MMBTU en 2019, 6,5 USD/MMBTU en 2020 y finalmente, 6 USD/MMBTU en 2021.

Bibliografía:

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