Julieta Mirella Paladino Ottonelli

Docente, comunicadora, realizadora audiovisual y artivista ambiental, ecofeminista y vegana. Cofundadora de la organización Ecos de mar. Doctoranda en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Forma parte activa del movimiento en defensa del mar Argentino frente el avance del proyecto petrolero offshore.

2.7 Una marea de amor al océano

Para comunicar esta marea quiero compartir un recorrido por este “oceanazo” en primera persona. Tanto como testigo como coparticipe de las acciones que a diario van constituyendo el movimiento colectivo del “Atlanticazo” en defensa del mar Argentino y sus seres vivos. Porque las acciones artísticas y las estrategias comunicativas que a diario venimos pulsando organizaciones y asambleas para sortear las dificultades suceden ante el cerco informativo de los medios de comunicación.

Recuerdo una tarde de verano en Playa Varese, Mar del Plata, en la provincia de Buenos Aires. Fue el 20 de febrero 2021, la primera vez que nos movilizábamos en defensa del mar: un tambor, pancartas, una bandera pintada sobre una tela donada, alguna madre con sus hijes y quien escribe estas palabras disfrazada de sirena danzante. Unas quince personas repartiendo volantes de punta a punta de la playa y contando de boca en boca aquello que estaba sucediendo mar adentro. Entre 2016 y 2020, durante las anteriores campañas de exploración sísmica de la empresa noruega Equinor, habíamos sido testigos de varamientos de grandes mamíferos marinos, aunque desconocíamos en aquel entonces las causas.

A esa tarde le siguieron meses y meses de reuniones semanales a las que asistíamos unas cinco o seis personas, miles de horas de investigación y de creación de contenido para difundir. Persistir con la convicción firme nos reencontró una tarde de junio de ese mismo año en un primer festival artístico autoconvocado sobre la rambla, al que se acercaron centenares de personas. Un encuentro que daría nacimiento a la Asamblea por un Mar Libre de Petroleras. A partir de ahí fue exponencial el crecimiento del movimiento.

Tal es así que, cuando el 30 de diciembre 2021 el decreto presidencial anunció la aprobación del proyecto petrolero, fue sorprendente la organización en pocas horas de la movilización a los hoteles de Chapadmalal que nos encontraría cerrando el año y brindando a puro agite. Le seguirían días muy intensos de comunicación digital para llegar al #Atlanticazo del 4 de enero de 2022, con miles y miles de personas en las calles de Mar del Plata exigiendo un “mar libre de petroleras”. Sin perder ese impulso, tuvimos un mes de reuniones virtuales que propulsaron el #Oceanazo mundial del 4 de febrero, que se concretó al mismo tiempo en 19 países. Miles de personas salimos nuevamente a la calle en Mar del Plata y diferentes lugares de la costa argentina y del mundo. Comunidades tan distantes compartiendo las mismas problemáticas y preocupación por la urgencia de una transición energética justa, descentralizada y realmente sustentable, que mitigue los efectos del cambio climático. Una misma acción performática se llevó a cabo simultáneamente en la puerta de Equinor en Noruega y frente al Museo MAR, en Mar del Plata: cuerpos desnudos con la bandera “Frack off” proclamando el final del fracking para la extracción de hidrocarburos. Sin embargo, la reacción de los medios de comunicación fue un silencio total. ¿Cómo esconder a tantas personas unidas por un mismo pulso de amor al mar? ¿Qué estrategias podemos desarrollar, entonces, desde nuestro humilde lugar?

Las movilizaciones se fueron reiterando el cuarto día de cada mes, además de sumarnos a todo evento, charla, feria, festival, muraleada y acción que fuera surgiendo. Hoy las calles de Mar del Plata y de tantas otras localidades costeras son el museo viviente de este movimiento. También seguimos sumando alianzas, participando de la campaña mundial Deuda x Clima y conformando el movimiento global “No al offshore”, con las recientes intervenciones en las calles de Canadá durante el encuentro mundial sobre biodiversidad COP15.

Desde aquella primera tarde de verano a la actualidad son muchos los artistas que fueron expresándose en contra del proyecto de explotación petrolera offshore: el Colectivo de Actrices Argentinas, Pedro Aznar, Guillermo Bonetto de Los Cafres, los integrantes de Kapanga, Maitena, astrólogas, influencers e innumerables personalidades que a diario van difundiendo y haciéndose eco de la defensa del océano.

 

Atlanticazo del 4 de enero de 2022. Fuente: Julieta Mirella Paladino Ottonelli.

 

Vimos innumerables ilustraciones y videos icónicos del movimiento, como las imágenes y murales de nuestros queridos Javier Almirón y Lafken, quienes además participan de manera activa de diferentes organizaciones ambientales de la ciudad.

La expresión performática también ocupa un lugar destacado en las movilizaciones en la vía pública. Desde la aspiradora gigante de jubilades en la puerta de la sede del ANSES, las cabezas de peces danzantes y todas las escenas dramáticas interpretadas por el grupo de Teatro Revolucionario y la comisión de artivismo de la Asamblea. Tuvimos, además, la visita de diversos artistas que sumaron su contribución a la causa, como el fotógrafo estadounidense Rafael Avcioglu, y de integrantes del Colectivo Vibra Mujer, que convocó a la performance colectiva “Bomba semilla”, en la que nos “sembramos” en defensa del océano en la playa frente al Espacio Unzué.

Nuestros cuerpos, al igual que la naturaleza, están siendo tratados como territorios de saqueo. Las comunidades costeras habitamos las orillas del mar como una extensión de nuestro propio cuerpo, gozamos de los beneficios de este gigante salado y sufrimos de manera directa ante su destrucción. A diario vemos las playas más y más contaminadas por todo tipo de plástico y basura que, desde las calles de esta gran ciudad, llegan al mar sin ningún tipo de filtrado ante la total desidia del municipio de General Pueyrredón. Cada año aumenta la cantidad de microplásticos y, como sociedad, seguimos sin ver ni hacernos cargo de estas toneladas de basura que generamos en nuestras breves vidas, en las que nos dedicamos a consumir y tirar montañas de petróleo “descartable”. Nada más absurdo que tomar de las profundidades algo que tardó millones de años en existir para darle un uso efímero y destructivo. Como una maquinaria de consumo voraz, fagocitamos incesantemente este mundo que nos da la vida.

Quienes contábamos con conocimientos y herramientas de comunicación hemos dedicado todos nuestros recursos a la causa. En el caso específico de Ecos de mar, fue tan rápido el crecimiento del sitio en comparación con nuestro grupo de activistas aún muy pequeño, que no nos dio tiempo de organizarnos y nos encontró día y noche frente a las pantallas, posponiendo nuestras vidas personales para hacer eco diario de todo lo que sucede. ¡Aún hoy me sorprendo al repasar lo que hemos cocreado tan pocas personas en tan poco tiempo!

 

Ilustración de Jabier Almirón. Fuente: Ecos de Mar.

 

Algunos meses atrás tuve la grata posibilidad de dar una charla en una escuela primaria pública. Las maestras habían decidido trabajar de manera transversal a la currícula las problemáticas ambientales y todo lo relacionado con la contaminación marina y el proyecto petrolero. Fue maravilloso encontrar infancias de nueve años que ya sabían qué es la exploración sísmica, que cantaban las canciones de las marchas y tenían suficientes fundamentos para oponerse a este proyecto. Guardo ese día en un lugar muy especial de mi corazón, pues fue una demostración de que realmente aún nos cuesta dimensionar todo el alcance de las acciones que estamos llevando a cabo, y sé que las veremos expandirse y replicarse durante los próximos años.

Las acciones son colectivas: estamos cocreando este movimiento de amor a la existencia.

Estamos tan en el presente, dándolo todo, todo el tiempo, que es difícil tomar distancia de los acontecimientos. Cada día es un nuevo despertar y necesitamos reactualizarnos mientras van aconteciendo más y más situaciones, entrevistas, reuniones, textos, imágenes en movimiento. Un torbellino constante.

Somos la manifestación colectiva de la realidad que merecemos habitar. Merezcamos vivir en un planeta sano.

Y habitemos la tierra, los ríos, las lluvias, cada gota de agua de mar con consciencia de las consecuencias de nuestras acciones. El regalo más preciado es este instante de vida. A pesar de que cerramos 2022 con la Cámara Federal levantando la medida cautelar y el Gobierno nacional aprobando por decreto la perforación del mar en plena semana final del Mundial de Fútbol de Qatar, con toda la población distraída, no pierdo la esperanza en las acciones colectivas. Se me aparecen los rostros de les niñes del Barrio Centenario que confían en aquello que estamos haciendo, los ojos de todas las infancias que junto a sus familias han participado de las movilizaciones. A elles, a sus derechos presentes y futuros, nos debemos la obligación de seguir adelante en esta marea de vida.

 

¡Seamos una ola expansiva!

Conocé otras formas en que se cruzan arte y activismo para la protección de la biodiversidad en el artículo de Meitin en el Capítulo 4.

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