Hoy, 24 de marzo de 2026, se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina, autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”, que instauró un régimen de terrorismo de Estado basado en la persecución, la censura, la desaparición forzada de personas y la supresión de las libertades fundamentales. Este período dejó una huella profunda en la sociedad argentina y en su entramado institucional, cuyas consecuencias aún resuenan.
Bajo el lema “Memoria, verdad y justicia”, la sociedad se convoca una vez más a recordar lo ocurrido y a reflexionar sobre uno de los momentos más oscuros de nuestra historia reciente. No se trata solo de conmemorar, sino de valorar el camino recorrido en la reconstrucción democrática, el fortalecimiento del Estado de derecho y la consolidación de políticas públicas orientadas a la protección de los derechos humanos.
Sostener la memoria es construir garantías para el presente y el futuro. Es reafirmar el compromiso colectivo para que el Estado nunca más sea instrumento de violencia, persecución o exclusión. En ese marco, fortalecer la democracia exige hoy también defender y profundizar una agenda integral de derechos humanos, en la que el derecho a un ambiente sano, la participación ciudadana y el acceso a la información pública ocupan un lugar central.
Desde FARN entendemos que los desafíos actuales nos interpelan de manera urgente. Resulta preocupante el avance de discursos y prácticas que relativizan la importancia de los derechos humanos, así como el debilitamiento y desfinanciamiento de políticas públicas esenciales para su garantía.
En ese sentido, el negacionismo, ya sea frente al cambio climático, la crisis ambiental o los crímenes del pasado, erosiona las bases de una sociedad democrática. A esto se suman tendencias hacia la criminalización de la protesta, la ampliación de mecanismos de vigilancia y control y la estigmatización de quienes piensan distinto que tensionan los principios fundamentales de la convivencia democrática. Defender la democracia implica también defender el derecho a cuestionar, a organizarse y a incidir en las decisiones públicas.
Resulta central que no se retroceda en los derechos consagrados, y para ello se necesita contar con políticas públicas adecuadas, capacidades y recursos para llevar a cabo los distintos aspectos de las mismas.
La agenda ambiental no es ajena a estos procesos. Por el contrario, suele ser de los primeros ámbitos en los que se ensayan restricciones. El ejemplo más actual es la pretendida reforma regresiva de la Ley de Glaciares, una ley que se sancionó gracias a importantes consensos sociales y procesos democráticos. Comunidades, activistas y organizaciones que defienden los territorios, bienes naturales y modos de vida son objeto de presiones crecientes. En muchos casos, son mujeres y diversidades quienes están al frente de estas luchas, por lo que el debilitamiento de las políticas de género también impacta directamente en la justicia ambiental. La protección del ambiente y la garantía de los derechos humanos son dimensiones inseparables de una democracia plena.
La democracia se construye y se sostiene en la diversidad, en la posibilidad de disentir y en la resolución pacífica de los conflictos. Cuidarla implica rechazar cualquier forma de violencia institucional y promover un Estado que garantice derechos, escuche a la ciudadanía y actúe con transparencia.
La memoria es una herramienta viva para defender el presente. Nos convoca a no ser indiferentes, a alzar la voz frente a las injusticias y a sostener, desde cada espacio, una democracia con más derechos, más igualdad y más participación.
A 50 años del golpe, reafirmamos nuestro compromiso con la memoria, la justicia, la defensa de los derechos humanos y la construcción de una democracia más justa, participativa y ambientalmente responsable. La salida a las múltiples crisis reinantes -social, climática, ecológica- no puede construirse sobre la base de la exclusión, el silenciamiento o la concentración de poder, sino con más participación, transparencia y derechos. Porque nunca más es también hoy.