Por Matías Cena Trebucq
Al momento de escribir esta columna, más de 14 mil hectáreas se prendieron fuego en la Patagonia argentina, precisamente en la provincia de Chubut. Esto equivale a más de la mitad del territorio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde los primeros días de enero, 32 focos de incendio afectaron bosques andinos, alrededor de 30 viviendas, una estancia y dos complejos turísticos.
Lamentablemente, hechos como este se repiten año tras año. Según datos de Greenpeace, entre octubre de 2024 y marzo de 2025 se incendiaron más de 31.722 hectáreas de bosques andinos patagónicos (11.782 hectáreas en Neuquén, 10.218 en Río Negro y otras 9.722 en Chubut). Esto implica un enorme patrimonio milenario de flora y fauna autóctonas arrasado por el fuego y, con él, la calidad de vida de las poblaciones que sustenta.
A pesar de que el Gobierno nacional niega el cambio climático y los impactos de la actividad humana en el calentamiento global, cuya causa principal es la quema de combustibles fósiles, los efectos de esta crisis se sienten con fuerza en nuestro país. Fenómenos meteorológicos cada vez más extremos y frecuentes, que propician sequías prolongadas (como la que se está viviendo en la Patagonia) y cambios en los patrones climáticos locales, favorecen la propagación de los incendios, en un 95% causados por el hombre de acuerdo con datos del Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF).