Concluyó en Santa Marta, Colombia, la primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, arrojando una certeza central: el debate global ya no gira en torno a la necesidad de dejar atrás los fósiles, sino en las vías para lograrlo.
A diferencia de los espacios tradicionales de negociación climática, enfocados en pactar documentos y acuerdos básicos, este encuentro priorizó el análisis de los obstáculos reales que perpetúan el uso de hidrocarburos. Representó, así, un progreso.
No obstante, también evidenció el dilema subyacente de la actual agenda ambiental: ¿consistirá la transición en un mero ajuste tecnológico o en una profunda reforma política?
Ciertos sectores sostienen que el abandono de los fósiles es estrictamente un reto de reemplazo: sustituir el carbón, el gas y el petróleo con fuentes renovables, conservando los mismos patrones de consumo que provocaron el colapso actual.
Por el contrario, organizaciones sociales, colectivos y comunidades advierten que no basta con transformar la fuente de energía si persisten las asimetrías sociales, el control concentrado de los recursos y los métodos extractivos que dañan los ecosistemas y pasan por alto los derechos fundamentales.