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Temporal en Bahía Blanca: la crisis climática está acá y no podemos mirar para otro lado

El sábado pasado, Bahía Blanca fue el epicentro de un fenómeno meteorológico con vientos de más de 100 km/h que dejó graves consecuencias: 13 muertos, decenas de heridos y fuertes daños en casas y propiedades. Estas son las características y el saldo de los eventos climáticos extremos asociados al cambio climático. En otras palabras, la tormenta que afectó a Bahía Blanca, y a otras 10 provincias, no fue un hecho aislado y se conocen sus causas.  

Días antes, del 30 de noviembre al 12 de diciembre, se realizó en Dubai la 28° Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, donde se discutió qué deberán hacer los países para evitar que el planeta se caliente por sobre el 1.5 °C. Este debate trató justamente sobre cómo evitar la pérdida de vidas, los daños en la infraestructura, la afectación de servicios básicos como el agua potable y la energía; en definitiva, cómo garantizar el bienestar de las personas y los seres vivos que habitan en el planeta. 

En este sentido, la ciencia es clara y contundente: los impactos del cambio climático son y serán cada vez más frecuentes y severos. Y también indica claramente qué debemos hacer para mitigarlos y reducirlos. Ya estamos viviendo la crisis climática producida por el aumento de la temperatura del planeta y debemos actuar de forma urgente.

Un claro ejemplo de los efectos generados por la crisis climática se evidenció con la prolongada sequía que afectó a Argentina durante el año pasado. Esta situación produjo la disminución de ingresos por cosechas de 20.000 millones de dólares, un monto equivalente al 3% del PBI. Además, desde hace ya varios años existe un mapa de riesgo climático en nuestro país que resulta necesario atender para obrar en consecuencia.

Argentina necesita políticas de acción climática y un presupuesto que sea adecuado para atender las prioridades y necesidades de la ciudadanía, particularmente de los grupos más vulnerables. Sin embargo, la eliminación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y su disminución a una Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes no parece lo más indicado para lograrlo.  

El diseño institucional que propone el nuevo gobierno nace fuera de época y a contramano de lo que sucede hoy en todo el mundo. Sin lugar a dudas, esto será un gran obstáculo para atender la multiplicidad de aspectos que conforman la compleja agenda ambiental.